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El futuro forestal está en el aire.

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Manu Otero. Pontevedra / la voz, 23 de septiembre de 2015.

 

Los drones se presentan como la alternativa en el estudio del patrimonio agrícola y arqueológico.

 

Los drones, unos aparatos voladores teledirigidos equipados con una cámara fotográfica o de vídeo, están revolucionando la forma de trabajar en numerosas y variadas actividades empresariales. El cine, la mensajería y el transporte ya experimentan con estas naves a las que acaba de sumarse la ingeniería forestal.

 

Un grupo de tres pontevedreses de reconocida trayectoria en el ámbito empresarial, de la electrónica y del diseño se sumaron en febrero a la iniciativa del ingeniero forestal Roberto Rodríguez Cabeceira para fundar Xeométrica. Una empresa que se encarga de realizar mediciones y recreaciones en tres dimensiones de la riqueza que ocultan los montes gallegos. «Somos capaces de recrear castros en 3D con una precisión milimétrica», destaca el director comercial de la empresa, Óscar Lorenzo.

 

El trabajo de Xeométrica es empleado por empresas o instituciones para el estudio de yacimientos castrexos y reconstrucciones fidedignas de estas históricas edificaciones. Con la ayuda de su único dron, un helicóptero equipado con seis motores, dos GPS y una cámara fotográfica con visión infrarroja y térmica, estos innovadores son capaces de realizar una serie de fotografías en 360 grados que, tras procesarlas, permiten la creación de una imagen digital en tres dimensiones.

 

Sin embargo, realizar este trabajo no es fácil. El encargado de pilotar esta joya es Roberto Cabeceira, que tuvo que completar un curso formativo y un exigente examen para conseguir su carné, además de superar varios trámites administrativos para ocupar el espacio aéreo. Después de poner en marcha el dron, Cabeceira debe manipular un mando, similar al de los divertidos coches teledirigidos, en el que controla la velocidad, la altura y la dirección del dron, así como el encuadre de la cámara fotográfica. Todo sin perder de vista el aparato y con un solo ojo, porque el otro lo mantiene ocupado en un monóculo en el que visualiza los parámetros que proporciona el dron: ángulo de inclinación, altitud y un sinfín de datos más.

 

Contar con este equipamiento que atrae cada día a más clientes y permite realizar un trabajo impecable supuso una inversión superior a 30.000 euros que confían en amortizar. Por lo pronto le llueven encargos. Medir buques y analizar masas forestales, son los últimos.